Carta Modelo #1

Desde el primer momento en que te vi al otro lado de la habitación, supe que eras mi destino. Ningún hombre había capturado mi atención tan completamente o hizo que mi corazón se saltara un latido como lo hizo esa fría noche de febrero. Tu sonrisa iluminó toda la habitación, tu risa era deliciosamente contagiosa, y tu mera presencia calentaba mi corazón y mi alma. No tenía dudas de que eras el hombre que Dios creó especialmente para mí.

Quiero agradecerte por esa charla nocturna bajo la lluvia. Podrías haber pensado que era una locura, pero ahora sabes que ha asegurado nuestro futuro con un recuerdo eterno. Gracias por la conversación en el sillón reclinable en la terraza acristalada y por pedirme que sea tuyo esa noche. Lo más importante, gracias por amarme y por hacerme tu esposa. No importa cuán rápido pasó nuestro noviazgo, sé que comparecer ante Dios y tu familia y jurar ser tu compañero por vida fue la decisión más fácil que jamás tomé.

Después de solo diez días como marido y mujer, repentinamente nos encontramos divididos por miles de millas de arena y mar, separados por tu servicio a nuestra gran nación y una guerra que no podía esperar. Hemos estado separados por más de siete meses. Cada día que me pasa solo hace que mi amor por ti se haga más fuerte. Aunque podemos luchar a través de nuestra separación, recuerde que mi amor por ti no conoce fronteras y continuará extendiéndose a través de cualquier mar y sobre cada grano de arena entre nosotros para llegar a usted.

Puedo ser tu esposa, pero tú eres mi vida. Ninguna guerra o distancia puede alejarme de mi destino. Te extraño tanto, y estaré aquí con los brazos abiertos cuando vuelvas a casa donde perteneces.

Te amo ahora y para siempre,

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